

Puesta en común de la primera página
El sonido del reloj despertador lo sacó del mundo de los sueños. Aunque tuvo fuerzas para mover un brazo y apagar el estridente ruido, el resto de su cuerpo no le obedecía. A sus 33 años, sentía ganas de permanecer allí, pero sabía que tenía cosas que hacer. Caminó hacia la ventana. Afuera estaba nublado y lluvioso.
Juan vivía una vida monótona y a veces le costaba adaptarse a cambios repentinos. En ocasiones anhelaba pasar inadvertido y deseaba que hubiera una escapatoria para él. En más de una oportunidad, había escuchado acerca de la existencia de mundos alternos, otros le llamaban universos paralelos, que él imaginaba mejores que su realidad actual. También se cuestionaba si sería posible, desde un punto de vista científico, retroceder en el tiempo y cambiar las cosas para mejorar su presente.
Entró a ducharse y luego comió su habitual desayuno de tostadas y café, acompañado del periódico y un cigarrillo. Una vez listo, con el maletín en la mano, dio un suspiro profundo y se encaminó hacia la puerta de calle.
Al salir a la calle, vio su reloj de muñeca. Tan pronto levantó la mirada, algo lo dejó atónito: la calle era otra y la gente que pasaba vestía diferente a lo que él acostumbraba a ver. El maletín cayó de sus manos y los documentos del interior volaron por el aire. Aterrado, Juan sintió que una gran confusión le nublaba la mente. Abrumado, apenas pudo mantenerse en pie. “¿Qué ha pasado?” “¿Dónde estoy?” se preguntó. Vacilante, caminó con pasos cortos hasta llegar al puesto de periódicos en la esquina. Sin pensar, tomó uno y lo primero que vio fue la fecha: 21 de diciembre de 1966. Quedó perplejo. Sintió que el papel temblaba entre sus manos.
Santa Cruz, 22 de mayo, 2024


