Foro: ¿Un libro es un libro en el entorno electrónico/digital, o es algo más?
Cada día la tecnología transforma el material existente, lo que vuelve más borrosa la línea entre creación y recreación. Los entornos digitales brindan al lector oportunidades únicas para participar, interactuar y aportar interpretaciones propias. Surgen conceptos como la remezcla y la apropiación, que abren camino a lo que se ha denominado “la muerte del autor” y “el nacimiento del lector”. Hoy, el lector se convierte en coautor en su justo derecho, capaz de moldear el contenido de una obra para otorgarle un significado personal.
La digitalización ha permitido que el lector adopte un “nombre de usuario”, una identidad virtual que le confiere un grado de control para ensamblar su propia historia a través de la reinterpretación de obras. Así, la experiencia lectora se convierte en una práctica de creación compartida, que ayuda a tener mayor profundidad y conexión con el público.
Por esta razón, la labor creativa-personal de cada individuo se encuentra en su contribución al material, donde cada aportación es subjetiva y, en última instancia, busca alterar el sentido original. La apropiación, en este sentido, se convierte en una extensión de la creatividad, siempre que se exprese con autenticidad.
Mientras los creadores tradicionales como escritores, pintores o cineastas, solían trabajar con recursos físicos y limitados, ahora el mundo digital ofrece infinitas posibilidades, donde el material puede atravesar múltiples transformaciones de contexto y forma, con resultados más rápidos y eficientes.
Sin duda, no obstante que el proceso de creación haya cambiado, la esencia de la labor creativa-personal sigue intacta gracias a las herramientas a disposición del creador y el lectoautor para reflejar las ideas y emociones que quieren transmitir. Los errores y revisiones ocupan menos tiempo que en el proceso tradicional, ya que la flexibilidad del entorno digital facilita que la obra esté en un estado de constante evolución y permite, con cada interacción del lector, que todos los estilos y visiones se fusionen y enriquezcan el contenido final.
Aunque todo creador se ve influenciado por múltiples interacciones en el mundo digital, su estilo y sus ideas se destacan con claridad, lo que demuestra que la tecnología no ha despersonalizado el arte, sino que ha proporcionado nuevas formas de expresión. Así, aunque el autor digital esté inmerso en un océano de interacciones, sigue siendo dueño de su voz.
Como afirma Ulises Carrión, “Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros. Un escritor escribe textos”, y también, “El libro es una secuencia espacio-temporal”. Esta concepción refleja como el libro nuevo ha evolucionado para ofrecer más profundidad y significado, lo que desafía al autor a realizar una obra que contemple el nuevo contexto digital. En el pasado, el creador basaba su inspiración casi exclusivamente en culturas y cuentos, lo que llevaba a una creación única e implícita. En el presente, la apropiación es casi inmediata y la distribución en redes sociales permite una circulación veloz de las ideas.
El teórico Doménico Chiappe explica que “El nuevo lector confrontará varios retos, no solo educativos (dominar el lenguaje informático) ni creativos (remezclar obras) pues se enfrenta a la entrega de su propia creación, aunque sea derivada de otra, para que, a su vez, mute a otros discursos”. Esto muestra como el nuevo autor ya no tiene autoridad absoluta sobre su obra. Sin embargo, no se trata de la desaparición del autor, sino de su redefinición. En este nuevo paradigma, la obra es adaptable, y el papel del creador es menos un acto de imposición que de guía.
La expansión de la experiencia lectora y creadora mediante el uso del multimedia lleva a cuestionar si el libro sigue existiendo en los entornos digitales, o, si se está creando algo completamente nuevo. Es probable que la respuesta sea la segunda, ya que los textos digitales se acompañan de elementos como hipervínculos, sonidos, videos e imágenes, lo que lleva a algunos a pensar que la literatura tradicional está amenazada.
Esto modifica lo que el libro tradicional nos ofrecía en cuanto a estructura lineal e inmutable. Aunque el libro físico persiste, su esencia se ajusta a nuevos contextos y necesidades. Este proceso de transformación permite que la literatura, que antes transmitía solo imágenes mentales, ahora alcance niveles de inmersión más profundos, en los que los lectores pueden experimentar la historia de forma tangible. Esto crea una experiencia más realista que fortalece la participación en el mundo digital y en el de la literatura.
En el pasado, el libro era el único contenedor de textos y el medio principal de transmisión del conocimiento. El arte nuevo ahora permite que el escritor digital asuma un rol más activo en la creación de experiencias y que cada página sea una oportunidad para comunicarse con el público. Así, lo que en otro tiempo fue considerado una manifestación estática del pensamiento, ahora se ha convertido en una experiencia dinámica y multidimensional. Esto no reemplaza al libro, sino que enriquece el concepto de literatura y, con las herramientas digitales y redes sociales, no solo podemos interactuar, sino también descubrir nuevas formas de narración y explorar caminos alternativos en el vasto universo literario.
Santa Cruz, 13 de noviembre, 2024

